Accesibilidad digital: qué cambia con el European Accessibility Act y por qué afecta a más empresas

Accesibilidad digital y European Accessibility Act: qué cambia para empresas y servicios digitales
Solucionex
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May 26

Desde el 28 de junio de 2025 empezó a aplicarse en Europa el European Accessibility Act, la Directiva (UE) 2019/882, relativa a los requisitos de accesibilidad de determinados productos y servicios. En España, esta directiva se incorporó mediante la Ley 11/2023, de 8 de mayo, que establece obligaciones de accesibilidad para los productos y servicios incluidos en su ámbito de aplicación.

El objetivo de esta normativa es que más personas puedan utilizar la tecnología en igualdad de condiciones, especialmente personas con discapacidad, personas mayores o usuarios que, de forma temporal o por su contexto de uso, pueden encontrar dificultades al interactuar con un entorno digital.

En un post anterior ya abordamos este tema aplicado específicamente al comercio electrónico: Accesibilidad obligatoria en eCommerce: ¿está tu tienda PrestaShop preparada?. Ahora vamos a ver cómo aplicar la cuestión de forma más general: qué significa esta normativa, a qué tipo de productos y servicios afecta y por qué la accesibilidad digital no debería entenderse solo como una obligación legal, sino también como una mejora clara en la experiencia de usuario.

¿Qué significa esto en sencillo?

Significa que muchos servicios digitales tienen que ser más fáciles de usar para todas las personas.

No hablamos únicamente de “adaptar una web para cumplir una norma”, sino de diseñar y desarrollar productos digitales que puedan ser utilizados por usuarios con distintas capacidades, dispositivos, situaciones y niveles de conocimiento tecnológico.

Por ejemplo, una web o una aplicación accesible debería permitir que una persona pueda:

  • Leer los textos sin esfuerzo gracias a un buen contraste y tamaño de letra.
  • Navegar sin utilizar ratón, solo con el teclado.
  • Entender correctamente los formularios y los mensajes de error.
  • Usar lectores de pantalla u otras tecnologías de apoyo.
  • Acceder a subtítulos, transcripciones o alternativas cuando hay contenido multimedia.
  • Completar una compra, una gestión bancaria o una reserva sin encontrarse con barreras innecesarias.

La Comisión Europea indica que el European Accessibility Act cubre productos y servicios como ordenadores y sistemas operativos, cajeros automáticos, máquinas de venta de billetes, smartphones, servicios de telefonía, acceso a servicios audiovisuales, transporte de pasajeros, banca, libros electrónicos y comercio electrónico.

La accesibilidad no es solo una cuestión legal

El cumplimiento normativo es importante, pero quedarse solo ahí sería ver una parte del problema.

Una interfaz accesible suele ser también una interfaz mejor diseñada. Cuando una web tiene textos claros, botones comprensibles, formularios bien explicados y una navegación sencilla, no solo ayuda a personas con discapacidad. Ayuda a todo el mundo. Pensemos en situaciones cotidianas:

  • Una persona que consulta una web desde el móvil en la calle necesita buen contraste.
  • Un usuario mayor puede necesitar textos más legibles y procesos más claros.
  • Alguien que tiene una lesión temporal en una mano puede necesitar navegar con teclado o con comandos de voz.
  • Una persona que está viendo un vídeo sin sonido necesita subtítulos.
  • Un cliente con poca experiencia digital necesita formularios sencillos, instrucciones claras y mensajes de error comprensibles.

Por eso, la accesibilidad digital no debe entenderse como una capa añadida al final del proyecto. Debe formar parte del diseño, del desarrollo, de la revisión de contenidos y del mantenimiento habitual de cualquier servicio digital.

¿A qué tipo de servicios afecta especialmente?

La normativa tiene especial impacto en sectores donde la tecnología se ha convertido en una puerta de entrada a servicios esenciales o de uso masivo. Algunos ejemplos claros son:

  • Comercio electrónico: Una tienda online debe permitir que el usuario pueda encontrar productos, entender la información, añadir artículos al carrito y completar la compra sin barreras.
  • Banca digital: Las operaciones bancarias online, las aplicaciones móviles y ciertos terminales deben ofrecer una experiencia accesible para que cualquier persona pueda consultar información o realizar gestiones básicas.
  • Transporte: La compra de billetes, la consulta de horarios, los sistemas de check-in o las máquinas de autoservicio deben ser más comprensibles y utilizables.
  • Libros electrónicos y contenidos digitales: Los e-books y sus plataformas de lectura deben facilitar el acceso a la información mediante formatos compatibles y opciones de lectura adaptables.
  • Dispositivos y sistemas operativos: Smartphones, ordenadores y otros productos tecnológicos incluidos en el ámbito de la norma deben incorporar criterios de accesibilidad desde su diseño.
  • Servicios audiovisuales y telefonía: La accesibilidad también afecta a determinados servicios relacionados con comunicación, contenidos multimedia y tecnologías asociadas.

¿Qué aspectos conviene revisar en una web o aplicación?

Sin entrar en tecnicismos, hay varios puntos básicos que cualquier organización debería revisar:

  1. Contraste y legibilidad: Los textos deben poder leerse con facilidad. No basta con que una web sea visualmente atractiva. Si el color del texto se confunde con el fondo, si la letra es demasiado pequeña o si hay bloques de contenido difíciles de seguir, muchas personas tendrán problemas para usarla.
  2. Navegación por teclado: No todos los usuarios navegan con ratón. Una web accesible debe permitir moverse por menús, botones, enlaces y formularios utilizando el teclado de forma lógica y previsible.
  3. Formularios claros: Los formularios suelen ser uno de los puntos más problemáticos. Es importante que cada campo esté bien identificado, que los errores se expliquen de forma sencilla y que el usuario sepa qué debe corregir para poder continuar. No es lo mismo mostrar un mensaje genérico como “Error en el formulario” que indicar claramente: “El campo teléfono debe contener 9 dígitos”.
  4. Compatibilidad con lectores de pantalla: Muchas personas utilizan lectores de pantalla para navegar por páginas web y aplicaciones. Para que estas herramientas funcionen correctamente, la estructura del contenido debe estar bien organizada: títulos, etiquetas, botones, imágenes y mensajes deben tener sentido también cuando se interpretan de forma sonora.
  5. Alternativas para contenido multimedia: Los vídeos, audios e imágenes deben contar con alternativas cuando sea necesario. Esto puede incluir subtítulos, transcripciones, descripciones de imágenes o textos alternativos.
  6. Lenguaje comprensible: La accesibilidad también tiene que ver con cómo se comunica. Un texto excesivamente técnico, instrucciones poco claras o procesos confusos pueden convertirse en una barrera real para muchas personas.

Un cambio de enfoque: de “que se vea bien” a “que se pueda usar bien”

Durante años, muchas decisiones digitales se han centrado principalmente en el aspecto visual: que la web sea moderna, que tenga una imagen atractiva, que encaje con la marca. Todo eso sigue siendo importante, pero ya no es suficiente. Una web debe verse bien, sí, pero también debe poder usarse bien. Eso implica pensar en preguntas como:

  • ¿Puede una persona completar este proceso sin ayuda?
  • ¿Los botones se entienden?
  • ¿El formulario explica qué datos son necesarios?
  • ¿El contenido se puede leer en móvil?
  • ¿La web funciona correctamente con teclado?
  • ¿Las imágenes importantes tienen una alternativa textual?
  • ¿Los mensajes de error ayudan o confunden?

Estas preguntas son especialmente relevantes en proyectos de comercio electrónico, portales corporativos, plataformas de gestión, intranets, áreas privadas de clientes, aplicaciones móviles y servicios digitales conectados con trámites o contratación.

¿Por dónde empezar?

Para muchas organizaciones, el primer paso no tiene por qué ser rehacer toda la web o la aplicación. Lo recomendable es empezar con una revisión ordenada:

  • Auditoría inicial: Detectar los principales problemas de accesibilidad en las páginas, formularios y procesos más importantes.
  • Priorización: No todas las mejoras tienen el mismo impacto. Conviene empezar por aquellas que afectan a más usuarios o bloquean tareas críticas, como registrarse, comprar, solicitar información o acceder a documentación.
  • Correcciones técnicas y de contenido: La accesibilidad implica tanto al desarrollo como al diseño y a la redacción de contenidos.
  • Validación: Después de corregir, es necesario comprobar que los cambios funcionan correctamente.
  • Mantenimiento: La accesibilidad no es una acción puntual. Cada nuevo contenido, funcionalidad o rediseño puede introducir nuevas barreras si no se revisa adecuadamente.

Accesibilidad digital: cumplimiento, calidad y responsabilidad

El European Accessibility Act refuerza una idea que cada vez será más importante: los productos y servicios digitales deben estar pensados para todas las personas. Esto tiene una dimensión legal, pero también una dimensión práctica y social. Una web accesible reduce barreras, mejora la experiencia de usuario, facilita la conversión, transmite profesionalidad y amplía el alcance de los servicios digitales.

En SOLUCIONEX entendemos la accesibilidad como parte de la calidad del software. No se trata únicamente de cumplir una normativa, sino de construir soluciones digitales más claras, inclusivas y sostenibles. Porque cuando una interfaz es más accesible, normalmente también es mejor para todos.