Desde junio de este mismo año, Figma ha incorporado una nueva funcionalidad que permite añadir animación al diseño. Está integrado dentro de la interfaz de manera que el movimiento se convierte en un elemento más del diseño, junto a componentes, variables y estados. Figma Motion añade una línea de tiempo a Figma Design que permite controlar el movimiento de los elementos mediante fotogramas clave. Es posible ajustar propiedades como la posición, la escala, la rotación y la opacidad.
La integración en el mismo archivo que los componentes y el resto de elementos de diseño facilita experimentar con el movimiento desde las primeras fases de un proyecto, sin depender necesariamente de herramientas externas. Además, el agente de Figma puede generar animaciones a partir de instrucciones en lenguaje natural, que después se pueden revisar y editar directamente en la línea de tiempo.
Del movimiento puntual a los sistemas de diseño
Una de las posibilidades más interesantes de Motion es aplicar animaciones a componentes reutilizables. De este modo, el movimiento puede formar parte del sistema de diseño, igual que los colores, la tipografía o el espaciado. Las variables de movimiento permiten definir parámetros compartidos y adaptarlos a distintos modos, ayudando a mantener la coherencia entre pantallas y proyectos.
Una colaboración más fluida con desarrollo
Figma Motion también busca reducir la distancia entre el diseño y su implementación. Desde Dev Mode, los desarrolladores pueden inspeccionar la línea de tiempo, consultar los tiempos y las curvas de aceleración y acceder a código de animación en formatos como CSS, JSON o React. Las animaciones también se pueden exportar a formatos como MP4, GIF, SVG y WebM.
El movimiento, una parte más del diseño
La principal aportación de Figma Motion es integrar la animación en el entorno donde ya se construyen y comparten las interfaces. Su potencial no reside únicamente en crear movimientos más elaborados, sino en hacer que sean más fáciles de explorar, revisar y reutilizar en equipo.
Para los equipos de diseño y producto, supone una oportunidad para incorporar el movimiento de forma más sistemática al proceso creativo y conectar mejor las decisiones visuales con el desarrollo final.